Bea González ya es campeona del Finals. Lo ha hecho en una semana marcada para siempre en su carrera y en su vida. El jueves falleció su abuelo, conocido como “Chuzo”, y desde entonces cada partido se convirtió en algo más que una lucha por un trofeo.
Chuzo no es un nombre cualquiera en la historia del deporte español. Fue internacional con España el 30 de octubre de 1960 y levantó su último título en 1962. Sesenta y tres años después, su apellido vuelve a aparecer ligado a un título, esta vez desde una pista de pádel y a través de su nieta.
Bea ha competido con una entereza difícil de explicar. Sin gestos ni mensajes grandilocuentes, transformó el dolor en concentración y el recuerdo en empuje. Dentro de la pista, su juego habló por ella.
El pádel, a veces, va mucho más allá de la competición. A veces también sirve para cerrar círculos, unir generaciones y recordar que hay victorias que no se miden solo en títulos, sino en memoria.








